¿De dónde vienen los vampiros?

A pesar de que fue el escritor Bram Stroker el que utilizó la imagen del vampiro “chupasangre” en su libro Drácula, el mito ha subsistido como sinónimo de muerte y enfermedad en varias partes del mundo. El auge de este mito se dio en Europa, en los siglos XVII y XVIII.

Los demonios o espíritus malignos que eran capaces de vencer a la muerte y alimentarse con sangre humana, han subsistido en mitos de la antigua China, en la Grecia clásica, en la India, entre los egipcios, los mongoles, los gitanos y hasta en el Talmud. Estos seres han estado presentes en todas las culturas desde tiempos inmemoriales debido a que representa la necesidad humana de vencer a la muerte consiguiendo el don de la inmortalidad.

El vampiro tiene dos características en común en todas las culturas: es un muerto que revive y para recuperar su vitalidad chupa la sangre de las personas a quienes contagia con su condición, provocándoles enfermedad y la muerte.

En la Europa bizantina el cristianismo ortodoxo convirtió las creencias paganas de “inmortalidad” en una herramienta para la conversión. De esta forma si la persona fallecida había cometido perjurio u homicidio sin arrepentirse, o incluso los suicidas, que rechazaban por propia voluntad el “don” de la vida,  podría sufrir la maldición del vampirismo.  También podían sufrirla aquellos difuntos que no eran enterrados siguiendo los rituales religiosos pertinentes, los hijos ilegítimos que nacían muertos y sin la redención del bautismo y hasta aquellos cadáveres sobre los que desafortunadamente les saltaba un gato.

En la Edad Media se colocaba un ladrillo en la boca de los muertos sospechosos de haber sido vampirizados para evitar que contagiaran a otros con sus mordiscos

A pesar de que en la Edad Media había muchísima superstición, que incluye la cacería de brujas, no existen registros sobre vampiros.  Estos empiezan a aparecer a finales del siglo XVII y a mediados del siglo XVIII, con la aparición de libros que hablan sobre estos seres. En 1746, el benedictino Augustin Calmet, decía que los vampiros se conocían desde hace 60 años y que eran populares en Hungría, Moravia, Silesia y Polonia. En estas tierras surge la palabra “vampiro”,  la cual tiene origen magiar y estaba relacionada con unos seres que se aparecían en periodos de pandemias o graves enfermedades. Hay que recordar que en Europa hubo grandes epidemias desde finales del siglo XVII hasta el siglo XIX, por lo que siempre el vampirismo estuvo relacionado con enfermedad y muerte.

Extraños rituales

Debido al escaso conocimiento sobre virus y bacterias, las personas de aquel entonces no podían entender el porqué tantos morían y por ello, explicaban el fenómeno con el vampirismo. En el 1733 el erudito John Heinrich escribió “Los vampiros salen de noche, atacan a las personas, les chupan toda la sangre del cuerpo y las matan. Acosan a hombres, mujeres y niños por igual, sin importarles edad ni sexo. Los que caen bajo su maligna influencia se quejan de asfixia y de absoluto desánimo, y expiran al poco tiempo”.

El cuadro de Antoine Wietz, Enterrado Vivo (1830), ilustra el pavor de una víctima del cólera enterrada viva.

Enterrado Vivo (1830)
Enterrado Vivo (1830)

Una extraña costumbre era la de enterrar a los muertos a poca profundidad. En Rumania desenterraban a los muertos cada cierto tiempo para probar si se había convertido en vampiros. Con los niños se hacía a los tres años de su muerte, con los jóvenes a los cinco años y con los adultos, a los siete.  Si el cadáver no estaba descompuesto lo atravesaban con una estaca o le arrancaban el corazón que quemaban con carbón de leña o lo hervían. Este “jugo” lo daban a beber a gente enferma o se lo servían a los niños y animales para protegerlos. En ocasiones, también los decapitaban y por si acaso había que “quemar su cuerpo hasta que quede reducido en cenizas”

En 1801 el obispo Sirge pidió al príncipe de Valaquia que los campesinos dejaran de desentarrar muertos, por lo que la práctica dejó de hacerse. Por tanto, el vampirismo sólo fue una forma de explicar las epidemias, un deseo de vencer a la muerte y el miedo de no tener una explicación lógica que justificara las terribles epidemias de aquel entonces.

El grito del vampiro

Más de uno se llevó un susto cuando luego de clavarle la estaca al muerto, este lanzaba un terrible alarido, como si estuviese quejándose. Para aquellos era la prueba definitiva de que el muerto era un vampiro, pero en nuestros días sabemos que ese “grito” era producido por los gases en descomposición que se habían acumulado en los pulmones y que se liberaban a través de la garganta, produciendo ese sonido