Los 10 mejores libros de vampiros

El vampiro es, naturalmente, versátil: como figura literaria, se ha tomado muchas formas, adaptándose a las nuevas generaciones y con éxito hacer el salto al cine, la televisión y los cómics. Los lectores modernos ahora pueden encontrar vampiros en todos los géneros imaginables, desde el romance paranormal al horror descarnado, desde el humor contemporáneo a pastiche histórico. Pero el vampiro también es versátil en lo que significa. Drácula, por supuesto, es el mejor ejemplo – se puede leer como una historia de transgresión sexual, los temores de invasión, el resentimiento de una mayor libertad de las mujeres, reprimida homoerotismo – con muchas otras interpretaciones.

Como dispositivo, los vampiros son casi peligrosamente flexibles: los lectores y los escritores tienen más que suficiente cuerda para ahorcarse. Con la enorme variedad actual de vampiros literarios, nunca ha sido tan fácil encontrar exactamente el vampiro que deseas – y nunca tan difícil elegir sólo 10.

1. El vampiro de John William Polidori (1819)

El autor de la que es probablemente la primera historia de vampiros completa publicada en el Reino Unido, John William Polidori era el médico personal de Byron en 1816. Byron más tarde sirvió como fuente de inspiración para el vampiro de Polidori (bautizado Ruthven después del Byron analógico en Glenarvon, Lady Caroline Lamb novela en clave acerca de su relación con el poeta). El Vampyre también se basa en un fragmento inacabado escrito por Byron. La historia de la historia en sí hace que sea un fascinante estudio en los aspectos vampíricos de influencia literaria y de los pasivos. Ruthven también marca el nacimiento de un arquetipo del vampiro de Byron, que iba a servir escritores góticos bien para los dos siglos siguientes.

2. La Morte Amoreuse (La mujer muerta en el amor) de Théophile Gautier (1836)

La mordedura del vampiro no tiene que simbolizar un encuentro sexual – pero cuando lo hace, debe ser escrito como este. El narrador, Romuald, se enamora de una vampira cortesana exquisita, que lo atrae lejos de sus votos sacerdotales a una vida de placer y extravagancia. Clarimonde es uno de los primeros – y más seductor – El vampiro de mujeres fatales, así como uno de los más cariñosos.

3. Varney, el vampiro por James Malcolm Rymer (1845-1847)

Originalmente un “centavo terrible” – barato ficción seriada – Varney fue la primera novela de vampiros publicada en el Reino Unido. Varney es un enorme libro, que cuenta con más de mil páginas. Varney es algo así como un perdedor: rara vez mata a cualquiera de sus víctimas y por lo general se expone como un vampiro antes de que pueda seguir adelante con sus planes malignos. Para aquellos intimidados por el tamaño de la novela, el primer capítulo puede ser disfrutado por sí mismo como una representación, a cargo de un ataque de un vampiro. La escena tiene todo: una noche de tormenta, una antigua casa, un inocente para dormir y un vampiro dando golpecitos en la ventana con las uñas largas.

4. Carmilla by Sheridan le Fanu (1872)

Una de las historias de vampiros más destacadas que se han escrito, esta novela también cuenta con uno de los vampiros más simpáticos de la ficción. El ataque del vampiro se convierte aquí en una larga seducción; una amistad romántica que Laura, posible víctima de Carmilla, encuentra difícil de resistir. Carmilla es uno de los primeros vampiros que argumentan a favor de su derecho a existir, al igual que cualquier otra criatura en la naturaleza. Sus oponentes son tan obtusos y complacientes que es fácil de esperar que no logren detenerlo.

5. La Ville-vampiro (vampiro City) por Paul Féval (1875)

Deliciosamente extraño, divertido y horrible, este es uno de los tres libros que el escritor francés Paul Féval escribió sobre vampiros. Ahora disponible como una traducción al Inglés, es una lectura fascinante, siguiendo el novelista gótico Ann Radcliffe en sus esfuerzos para salvar a sus amigos de un vampiro.

6. El destino de Madame Cabanel por Eliza Lynn Linton (1880)

Una ligera anomalía, ya que no hay vampiros reales en cuestión. Pero este es un estudio de gran alcance de la intolerancia y la superstición: en lugar de villanos sobrenaturales, hay personas comunes que dan vuelta en un extraño en un momento de crisis. El hecho de que los acontecimientos de la historia podría suceder – y suceden, en apariencia diferente – da esta historia su propia especie de horror.

7. Drácula de Bram Stoker (1897)

Resultado de imagen de Dracula

El rey vampiro todavía, Drácula tiene más de un siglo de adaptaciones y reinterpretaciones constantes. La novela está maravillosamente, llena de temores que compiten – y al mismo tiempo en el corazón de la historia es un espacio vacío. Drácula, a diferencia de los otros personajes, no escribe su propia historia. El lector deja de suministrar una interpretación, y es una invitación que es difícil de resistir.

8. La Sangre del vampiro por Florence Marryat (1897)

Esta novela fue publicada el mismo año que Drácula y es una experiencia fascinante para leer los dos juntos. La historia refleja los miedos contemporáneos sobre las enfermedades de transmisión sexual y sangre contaminada hereditariamente-, junto con los puntos de vista sobre la raza y la sexualidad femenina. Mujeres sexuales se presentan con más simpatía aquí que en Drácula, y la frialdad excesiva también es criticada. Esta novela también explora el tropo del vampiro reacio involuntario, que se horroriza cuando descubre su propia naturaleza.

9. Los Moth Diaries de Rachel Klein (2002)

Este libro se desencadena en el internado exclusivo de niñas, esta novela es una reminiscencia de la de Henry James, otra vuelta de tuerca. Parte de la incertidumbre viene de ser atrapado en la mente del narrador, cuya fiabilidad es altamente sospechosa. Lectura inquietante fresco, The Moth Diaries combina un tratamiento original del mito del vampiro con características clásicas del género – la adolescencia y la sexualidad en desarrollo, la soledad y la escritura privada.

10. El Historiador de Elizabeth Kostova (2005)

Los libros de vampiros tratan a menudo con los placeres de la lectura y la investigación – y desde el siglo 20 en adelante, una de las obras que más frecuentemente se hace referencia es Drácula. Hay un elemento de competitividad que a menudo se cuela en algunos Drácula post-Drácula – énfasis indebido gastado en reclamar una nueva visión sobre el vampiro y mitos – Kostova, rinde homenaje a Drácula, al tiempo que proporciona una nueva interpretación del mito. Lo que se consigue es una consideración interesante, inteligente tanto de la historia de Stoker y el Drácula histórico.

¿Qué es exactamente un vampiro?

Un vampiro es un muerto viviente dotado de una enorme fuerza y poder, que mantiene su inmortalidad bebiendo la sangre de seres vivos.

El origen de los vampiros

Los vampiros o, como les gusta autodenominarse, los vástagos, existen desde los tiempos más antiguos que recuerda el hombre. Sobre su origen hay dos teorías principales:
La primera señala a Lilith, Reina de la Noche, Madre de los Demonios y primera mujer de Adán, como la auténtica y primigenia vampiresa. Creada por Dios a la vez que Adán, resultó tener un alma demasiado oscura y retorcida. No engendró más que espíritus del mal, por lo que fue apodada “Monstruo de la Noche”. Eran famosos sus festines de sangre noche tras noche e, incluso, se dice que seducía a hombres mientras dormían para conseguir aumentar su diabólica descendencia, conocida como súcubos.

La segunda teoría señala a Caín como el vampiro original, de ahí que los vampiros también sean conocidos como “cainitas”. Cuando Caín mató a su hermano Abel fue desterrado a las tierras de Nod y allí fue condenado a vagar llevando consigo una maldición. Temería al sol de por vida y sentiría una sed insaciable de sangre. En su exilio coincidió con Lilith, que le enseñó a canalizar el poder de la sangre para aumentar su fuerza como vampiro.

Aunque la historia de los vampiros se remonta milenios atrás, su máximo apogeo se produjo entre los siglos XV y XVI en Europa, principalmente en Rumanía y Hungría. De hecho, Transilvania, región central de Rumanía, es conocida por ser la cuna de los vampiros y donde pasó gran parte de su vida el más famoso de todos ellos; el conde Vlad Drakul, más conocido como conde Drácula o, también, como “el Empalador”, apodo que ganó debido al gran placer que sentía comiendo ante los cuerpos empalados de sus enemigos. Vlad Drakul fue uno de los más crueles vampiros de la historia y extendió su mal por Alemania y, más tarde, al resto de Europa.

Vampiros y murciélagos

Los vampiros se han relacionado desde siempre con la figura del murciélago. Esta asociación también puede tener su origen en las zonas transilvanas, donde los murciélagos mordían a seres vivos para succionar su sangre. Se piensa que transmitían la rabia y por eso los humanos infectados comenzaban también a succionar y a transmitir la enfermedad al resto de seres vivos.

Otra leyenda habla de un tipo especial de vampiro-murciélago llamado azemán, muy frecuente en Sudamérica, que tiene la forma de una mujer durante el día y por la noche se transforma en un murciélago. Cada noche sale de caza en busca de nuevas víctimas para arrancarles un dedo del pie. Cuando la sangre brota, el vampiro bebe hasta quedar saciado y, al llegar el día, vuelve lleno de vida a su forma de mujer.

Lo cierto es que algunos vampiros son capaces de transformarse en murciélagos de forma natural, como lo hace un licántropo. Esta forma les permite escapar rápidamente de un enemigo o, incluso, entrar en las casas de mortales sin su consentimiento, cosa que no pueden hacer cuando están en su forma de vampiro, al no ser que reciban una invitación formal.

Detectar a un vampiro

Existen signos inequívocos para saber que estamos ante un vampiro. A los días de fallecer el sospechoso se abre la tumba y se examina el cuerpo. El cadáver de un vampiro no se descompone, y, a pesar de su palidez y rostro ojeroso, sobre todo si no se ha alimentado recientemente, presenta un aspecto casi saludable que persiste por más que pasen los días.

Los nuevos vampiros siempre vuelven a su tumba durante el día, pero con los años pueden descansar en casas y mansiones que habilitan para este fin y donde ubican sus ataúdes.

El beso del vampiro

La forma de generar un nuevo vampiro no es muy complicada si se tiene el suficiente autocontrol. Solamente un vampiro puede crear a otro mediante “el beso del vampiro”; cuando una víctima se encuentra ante un vástago es muy fácil que quede hipnotizada y seducida por éste, entonces el vampiro busca la arteria carótida de su víctima (los vampiros prefieren la sangre limpia), a la que accede fácilmente desde el lateral del cuello, y clava sus colmillos con una gran precisión. De este modo puede beber de la víctima todas las veces que necesite sin que se desangre excesivamente. Este proceso puede durar varios días o algunos minutos, dependiendo del beso, pero suele concluir de la misma forma; la víctima muere de debilidad. Una vez que ya no queda sangre del mortal, justo en su último hálito de vida, el vampiro creador llena con su propia sangre el cuerpo de la víctima. Una sola gota de sangre vampírica sobre la boca del fallecido es suficiente para que despierte la Sed y comience a beber. Pasados unos días o, puede que incluso unas pocas horas, el muerto despierta en su tumba como un nuevo vástago.

No todos los “besos de vampiro” acaban con un nuevo vástago. Si el mortal no es desangrado y no muere, pero ha bebido la sangre de un vampiro, sigue viviendo normalmente aunque adquiere una nueva fuerza y vitalidad. Le afecta menos el paso del tiempo y su aspecto es de lo más saludable, pero se crea una dependencia con el vampiro de manera que podríamos decir que pasa a ser su “esclavo”, creando también un vínculo sexual, y haciendo todo lo que el vampiro le pida por un poco más de su sangre.

Nueva “vida” para el vampiro

El nuevo vampiro conserva el mismo aspecto que tenía cuando estaba vivo, aunque los más observadores notarán una mirada distinta, más primaria, cruel y salvaje. La mirada de un depredador cuyos sentidos son ahora más agudos. Su cuerpo no proyecta sombra alguna y desaparece su reflejo en el espejo. También empiezan a destacar sus alargados incisivos, normalmente contraídos hasta el momento de la caza, las orejas ligeramente más puntiagudas, el mal aliento y, en algunos casos, el vello abundante en las palmas de las manos.

Al cuerpo del neonato llega, también, la muerte de los órganos. El corazón no late, los pulmones no respiran y el estómago tampoco hace la digestión. De ahí que el único alimento que necesita un vampiro sea la sangre de un ser vivo, y la necesita, precisamente, para impedir que continúe el proceso de putrefacción de su cuerpo mortal. Esta sangre no pasa ya por venas ni arterias, si no que se distribuye homogéneamente por el interior del cuerpo mediante ósmosis. La sangre pasa a ser el único fluido presente en el cuerpo del vampiro, y por esto lloran oscuras lágrimas de sangre. Es algo paradójico que se diga de los vampiros que son inmortales, porque realmente lo son mientras encuentren sangre que permita que no se descomponga su cuerpo. Un vampiro también tiene sus propias luchas internas. Siente una obsesión, por no decir adicción, a la sangre. El Hambre del vampiro nunca descansa y lo lleva a estar siempre al límite, en eterno conflicto sobre alimentarse o dejarse llevar totalmente para saciar la Sed. Es duro convivir con la Bestia dentro que, constantemente, lucha para ser liberada y cometer los crímenes más atroces. Sólo los vampiros con gran autocontrol muestran esa poca humanidad que, a veces, parecen tener.

Los colmillos de Drácula, un invento del cine

Cualquier disfraz de vampiro que se precie ha de tener obligatoriamente una capa oscura, uñas largas, la tez blanca y, por supuesto, una dentadura con colmillos largos. Pero el lector se sorprenderá al conocer que, hace 60 años, a nadie se le hubiera pasado por la cabeza dotar de llamativos dientes caninos a ningún chupasangre.

El origen de la imagen icónica de vampiro hay que buscarlo en Hollywood y, más concretamente, en el actorChristopher Lee. Él fue el primero de los dráculas más famosos del cine se calzó los colmillos para dar una imagen más terrorífica, pese a la dificultad que suponía para un actor poder vocalizar con ellos en la boca. Afortunadamente para él, en «Drácula» (1958), la primera película que protagonizó con este papel, solo tenía trece líneas de guión.

Para ser justos, el primer actor en colocarse esta icónica dentadura fue el turco Atif Kaptan en su «Drakula Istanbul’da» (en la imagen de abajo), una de las primeras producciones de terror en Turquía, que data del año 1953 y que ya adelantaba la tendencia dental -un tanto rudimentaria- en cuanto a filmes de vampiros, pero que no tuvo repercusión más allá de las fronteras otomanas.

¿Qué dicen las novelas?

La literatura vampírica, en la que se inspira para sus personajes el cine de Hollywood, ya citaba en el siglo XIX la existencia de dentaduras poco frecuentes en estos monstruos nacidos de la imaginación humana. Porque, según las novelas clásicas, los vampiros poseen dientes para poder morder a sus víctimas, en las que suelen dejar dos pequeñas incisiones en el cuello.

«Varney el vampiro» (1845) fue la novela que marcó muchas de las características de estos seres demoniacos: su protagonista poseía fuerza sobrehumana y poderes himnóticos, además de beber sangre para recuperar su energía vital. Pero si nos fijamos en sus dientes, todos ellos -caninos e incisivos- aparecen descritos como «similares a colmillos». Luego, Bram Stoker ahondó en la idea y terminó de consolidar la imagen del vampiro como un ser con todos los dientes afilados y puntiagudos.

En este punto, la dentadura tiene una importancia fundamental a la hora de contar la historia de los vampiros. Y hay una teoría para explicar su origen: «Los dientes afilados que entran en la piel de la víctima, normalmente una mujer, se explica por la misoginia del propio Stoker», apunta en conversación con ABC Javier Pulido, doctor de la Complutense y autor del libro «La década de oro del cine de terror español». Este elemento dental es el complemento perfecto para un monstruo que representaba «la decadencia de la sociedad victoriana y el miedo a enfermedades como la sífilis. Es un mal exterior que intentan romper desde fuera el status quo burgués», relata Pulido.

Dientes, dientes…

Con las novelas de Stoker en pleno auge llegó el invento del cine y las primeras adaptaciones no tardaron en llegar. Sin embargo, estos vampiros primigenios no acertaban a ponerse colmillos. Uno de los Drácula más famosos de la historia del cine, Bela Lugosi, no mostraba más que una dentadura humana normal y corriente. Nosferatu (1922), el vampiro alemán, tenía dos incisivos prominentes, además de una desigual mandíbula en la que le faltaban varias piezas dentales.

Hubo que esperar hasta el año 1958, con el citado Christopher Lee, cuando se vistió a Drácula con unos lustrosos y alargados colmillos, fabricados por el técnico dental Sean Mulhall. Muy diferentes de los que luego se vieron en el cine español, a veces fabricados con patatas cortadas para simular este maquillaje, como explica Javier Pulido.

Desde entonces la industria audiovisual ha fabricado vampiros con todos los dientes afilados («Supernatural»), sin ninguno prominente («Crepúsculo») o con los colmillos cambiados de sitio, como en la serie «True Blood». Merece la pena pararse en este último caso porque inventaron con gran éxito una nueva ubicación para este arma letal. Y lo justificaron.

«Creamos unos colmillos retráctiles, que se alojaban en la boca y, cuando el vampiro estaba en peligro o a punto de comer, se colocaban en su sitio», explica Alan Ball, creador de la serie. «Luego los colocamos en los incisivos laterales, porque funcionan mejor y son similares a los de serpientes como la de cascabel».

«Los caninos -colmillos- eran muy típicos y masculinos», explicaba también el dentista Clint Herzog a la revista E!. «Colocándolos al lado, en los incisivos, que son dientes más femeninos, otorgan a los vampiros de True Blood un look mucho más agresivo, que encaja perfectamente a sus personajes».

¿Alguna vez has soñado con vampiros?

Los sueños en donde aparecen vampiros suelen significar que nos encontramos rodeados de personas indeseables que se aprovecharán de nosotros para su propio beneficio. Por otra parte es también un indicador de que gracias a nuestra entereza y habilidad seremos capaces de salir de situaciones conflictivas en las que podríamos vernos inmersos.
Los vampiros en sueños suelen simbolizar las ansias de vivir a costa de los demás y abusar sin remordimientos. Este sueño insinúa la existencia de falsos amigos que se alimentan de nuestra energía.
Soñarnos rodeados de vampiros indica que en la vida real existen algunas personas egoístas y deshonestas que se aprovechan de nuestra posición social para satisfacer sus caprichos.
Si en el sueño nos atacan es presagio de que sufriremos algunos daños ocasionados por personas mal intencionadas.
Soñar que nos convertimos en vampiros suele ser una advertencia para evitar alejarnos de nuestros ideales y olvidar nuestros principios. Es posible que nos estemos dejando arrastrar por algunos instintos que seguramente terminarán afectando, no solo a quienes nos rodean, sino también a nosotros mismos.
Soñar que somos vampiros y atacamos a alguien indica que en la vida real nos estamos aprovechando de algunas personas, es posible que lo hagamos inconscientemente, pero ello terminará alejando a las personas que en realidad nos aprecian.
Si se tratara de una vampiresa será indicio de que una mujer de nuestro entorno está buscando la forma de seducirnos para sacar provecho de nosotros, es posible que se muestre como una persona atenta o afectuosa, pero en realidad lo único que desea es utilizarnos.
En el sueño de una mujer, verse a sí misma como vampiresa insinúa sus deseos de ser más calculadora y actuar con mayor frialdad en sus relaciones de pareja, pues frecuentemente suele mostrarse demasiado afectuosa pero no es correspondida.

Las mejores películas de vampiros

1)“Horror de Drácula” (1958):

Dirigida por el director inglés Terence Fisher y producida por la productora Hammer, esta obra maestra absoluta del cine de terror lanzó a la fama al actor Christopher Lee, quien personificó aquí por primera vez al conde Drácula. La película, tras su estreno, tuvo un éxito inmediato, debido a su innovadora combinación de terror, fantasía, romance y sexualidad, además de sus escenas sangrientas explícitas. Gran parte del éxito del film se debió al contrapunto protagónico que Lee, con su metro 96 de estatura y su apostura imponente, tuvo con el enjuto actor inglés Peter Cushing, quien personificó con maestría a su antagonista, el enérgico doctor Van Helsing. El enfrentamiento final entre los ambos adversarios, en uno de los salones del castillo del vampiro, es de antología. George Lucas, creador de “Star Wars” y gran fanático de los películas de la Hammer, homenajearía a esta dupla protagónica incorporando a sus dos protagonistas en su inolvidable saga especial. Peter Cushing interpretó a Grand Moff Tarkin en “La Guerra de las Galaxias” (1977), mientras que Christopher Lee encarnó al Conde Dooku en “El ataque de los clones” y “la Venganza de los Sith”. “Horror de Drácula”, al contrario que el inocuo vampiro encarnado por Bela Lugosi en “Drácula” (1931), entró en la historia del cine de terror porque nunca un vampiro lució tan diabólico (su maléfica estampa, con el cabello peinado hacia atrá, los colmillos acechantes y sus ojos inyectados en sangre siguen causando más de una pesadilla) y exudó tanto poder sexual sobre sus femeninas víctimas. Mérito absoluto de Christopher Lee, de un guión eficaz y de la acertada dirección de Terence Fisher, que facturó aquí su mejor película.

2) “Nosferatu” (1922)

Esta película muda dirigida por el director alemán F.W. Murnau, con el paso del tiempo, se convirtió en una de las mejores películas sobre el mito del vampiro y en uno de los máximos paradigmas del cine expresionista alemán. Rodada en escenarios naturales, gran parte del éxito de esta película recayó, además de la dirección de Murnau, en el gran trabajo del actor alemán Max Schreck (cuyo apellido en alemán significa “terror”), quien personificó al calvo, esquelético y ominoso vampiro. Murnau, antes de rodar esta cinta, pretendía realizar una adaptación cinematográfica de la novela “Drácula”, del escritor irlandés Bram Stoker, pero su estudio no logró hacerse con los derechos de la historia. De este modo, decidió filmar su propia versión de la novela y el resultado fue una película que tuvo un gran parecido con la historia original de Stoker. El nombre de Drácula se cambió por el de Nosferatu, y también debieron cambiarse los nombres de los personajes. Así, el conde Drácula pasó a llamarse conde Orlok. Luego que la viuda de Stoker demandara a los realizadores de la película por infracción de derechos de autor, un tribunal ordenó que se destruyeran todas las cintas de “Nosferatu”. Afortunadamente, un reducido número de copias de la película ya se habían distribuido por todo el mundo, y permanecieron escondidas por particulares hasta la muerte de la viuda del escritor.

3) “Nosferatu, el vampiro” (1979)

Escrita y dirigida por el director alemán Werner Herzog, esta película fue concebida como una suerte de homenaje a la película anterior, una estilizada nueva versión del clásico dirigido por Murnau en 1922 (aunque esta vez sí los personajes pudieron utilizar los nombres de la novela original). Esta cinta, que fue muy bien recibido por la crítica y disfrutó de un relativo éxito comercial, se caracterizó por su lograda atmósfera de horror, matizada por una fúnebre música, y por darle un mayor énfasis a la trágica soledad del vampiro. El “Drácula” encarnado aquí por el actor alemán Klaus Kinski (quien, al igual que Max Schreck, luce un traje negro, la cabeza calva, los dientes de rata y uñas largas), es una patética y desesperanzada figura fantasmal, agobiado, condenado a la inmortalidad y deseando algo de amor que no llegará nunca. Entre las escenas más recordadas de esta película se cuenta la escena cuando el conde recibe y ataca en su castillo a Jonathan Harker (encarnado por el actor alemán Bruno Ganz, quien años más tarde personificaría a Adolf Hitler en la elogiada cinta “la caída”), la secuencia de miles de ratas tomándose las calles y los espacios públicos de una ciudad alemana y la escena final, cuando la belleza y la pureza de Lucy (encarnada por la bella Isabelle Adjani) le hacen olvidar a Drácula la inminencia de la llegada del amanecer. En un giro final novedoso y escalofriante, el vampiro finalmente muere, pero Jonathan Harker, convertido ahora un vampiro, se encargará de propagar esta “enfermedad” por otras ciudades de Europa.

4)”La danza de los vampiros” (1967)

Dirigida por el cotizado director Roman Polanski, esta cinta (la primera a color que hacía el realizador polaco) de una lograda estética cinematográfica tiene la particularidad de jugar con los aparentemente opuestos códigos de la comedia y el cine de terror. El argumento, por cierto, es el que desencadena una trama absorbente y bien filmada: El profesor Abronsius (Jack MacGowran) y su fiel ayudante Alfred (el mismo Roman Polanski) llegan en el invierno a una población remota en la región de Transilvania motivados por los extraños sucesos que allí ocurren, provocados por la supuesta presencia de vampiros. Se alojan en una posada, donde Alfred termina enamorándose de Sara (Sharon Tate), la hija del posadero, pero pronto ella desaparece y comienza a extenderse el rumor de que ha sido secuestrada por el conde von Krolock, un aristócrata que vive en un castillo de las cercanías. La pareja, después de una comedia de enredos y de participar en un baile que le da el nombre a la película, logrará rescatar a la muchacha, pero sin saber que ya se ha convertido en vampiro. De ese modo, en vez de acabar con la maldición del vampirismo, el bien intencionado profesor Abronsiuns terminará ayudando a propagar este mal por todo el mundo civilizado. La cinta tiene momentos francamente desternillantes, como la escena en que Alfred es seducido por Herbert, el vampiro homosexual hijo del conde.

5) “Drácula” (1992)

Dirigida por el director Francis Ford Coppola, y protagonizada por el actor inglés Gary Oldman en el rol del mítico conde, esta película es considerada la mejor adaptación jamás realizada a la obra de Bram Stoker. Con un presupuesto de 50 millones de dólares, una cantidad bastante ingente para una película de terror, la cinta terminaría recaudando más de 215 millones de dólares y ganando tres premios Oscar (mejor diseño de vestuario, mejor maquillaje y mejor edición de sonido), además de significar el retorno al éxito de Coppola, quien había sufrido sonoros fracasos comerciales (mas no de crítica), con cintas como “Apocalipsis Ahora” y “El Padrino III”. El argumento es bastante fiel a la novela: En el siglo XIX, Jonathan Harker, recientemente recibido como abogado, debe viajar hasta Transilvania, para que el conde Drácula firme unos papeles referentes a unas propiedades que acaba de adquirir en Londres. El único inconveniente es que el conde no es quién dice ser, pues en realidad es un vampiro y ex noble rumano que perdió a su amor cuatrocientos años atrás. Y, para desgracia de Harker, su novia es un vivo retrato de ella. Así, Drácula decide viajar hasta la capital británica para conquistarla, dejando una estela de sangre y horror en su camino. La cinta destaca por su lograda ambientación, sus buenas actuaciones (especialmente de Oldman y el gran Anthony Hopkins, como un excéntrico profesor Van Helsing), sus logrados efectos especiales y algunas escenas de antología, como el duelo final contra el vampiro o la parte en que Jonathan Harker es vampirizado en el castillo del conde por las tres seductoras novias de Drácula, una de las cuales era interpretada por la bella actriz italiana Mónica Bellucci.

La ciencia afirma que los vampiros existen

Aunque se habla mucho más de avistamientos de Bigfoots o de fantasmas, los vampiros también han sido vistos en muchos lugares de todo el mundo. Si bien es imposible verificar si se trata de vampiros reales, las historias sobre su existencia son realmente fascinantes. Como ya comentamos, aunque los vampiros han sido relacionados con la ficción, en la actualidad continúa habiendo una fuerte creencia. Muchas personas han asegurado haber visto misteriosas formas humanas moviéndose a través de la oscuridad, incluso en ciertos lugares los residentes los han llegado a conocer.

Uno de los casos más impactantes ocurrió en Turquía, donde un residente de 23 años era en realidad un vampiro, con la necesidad de beber sangre. El joven turco llegó a cortarse sus brazos, pecho y vientre con sus hojas de afeitar, para beber su propia sangre. ¿Y qué dice la ciencia sobre los vampiros?

En pocas palabras, los científicos aseguran que los vampiros realmente existen en el mundo moderno.

Están entre nosotros

Los vampiros actuales no son el típico vampiro clásico ni tampoco practica cualquiera de los hábitos vampíricos de las películas. Los vampiros modernos requieren de una pequeña cantidad de sangre humana para complementar sus necesidades de energía. Según un estudio sobre vampiros modernos realizado por el profesor DJ Williams, de la Universidad Estatal de Idaho, las misteriosas criaturas de la noche provienen de todos los sectores de la sociedad.

“Ellos son gente común de mucho éxito”, dijo Williams, aunque admitió que los vampiros están encontrando dificultades para hacer amistades con personas que les permitan beber su sangre.

La mayoría de los vampiros modernos son profesionales de éxito. Estas personas no son personas que adoptan un estilo de vida como si fuera un vampiro de la gran pantalla, televisión, o un estilo de vida gótico. Estas personas realmente necesitan de una pequeña cantidad de sangre humana para mantener sus niveles de energía. Los vampiros modernos prefieren la sangre de la zona del pecho y no tienen problemas para encontrar proveedores que les ofrezcan sangre de primera calidad.

“La comunidad de los vampiros reales tienen conciencia y ética”, dijo Williams en la revista científica Critical Social Work. “La mayoría de los vampiros creen que nacieron de esa manera, ellos no eligieron esta condición. Los vampiros míticos parecen captar la atención y generar interés ya que las figuras vampíricas mitológicos han estado presentes a través de diversas culturas desde hace miles de años. Por supuesto que es particularmente interesante que el vampiro pueda ocupar un espacio curioso entre la vida y la muerte.”

Además, según la investigación, la población de vampiros de todo el mundo se estima en varios miles. Los vampiros modernos son reacios a hablar de su estilo de vida alternativo con los médicos o terapeutas debido al temor a las consecuencias legales, a ser juzgado o ser ingresado en un centro psiquiátrico. Estos vampiros se ven a sí mismos como miembros productivos de la sociedad que tienen una necesidad física o psicológica de consumir sangre.

El objetivo del estudio ha sido dar a conocer la existencia de los vampiros y evitar consecuencias perjudiciales para las personas que sienten que son vampiros reales. Teniendo en cuenta lo que es políticamente correcto en cualquier país del mundo, debería haber una legislación que garantizara los derechos sobre los vampiros.

Después de la investigación llevada a cabo por el profesor DJ Williams, ya nadie va a poder decir que los vampiros no existen o son simples invenciones de la literatura. Estos seres de la noche son muy reales, están entre nosotros, con el único objetivo de saciar su sed de sangre. La comunidad científica a reconocido su existencia, en un futuro próximo tendrán sus propias leyes y estamos seguros que acabarán controlando el mundo.

Conoce el primer libro de vampiros de la historia

A mediados del siglo XVIII, un erudito benedictino francés, Augustin Calmet, publicó un libro sobre los -˜resucitados-™ que salen de sus tumbas para alimentarse con la sangre de los vivos. Calmet era abad del monasterio de la orden de San Benito de Sénones, en la región francesa de Lorena. Nacido en Mesnil-la-Horgne, cerca de Commercy, en 1672, murió en París en 1757. Gran erudito, autor de un monumental comentario bíblico (compilado en 23 tomos), se interesó pronto por el mundo de las apariciones. Gracias a sus relaciones personales con diversos clérigos, misioneros y campesinos de aquellos remotos territorios acumuló la suficiente información y testimonios como para escribir dos volúmenes: Tratado de las apariciones de los ángeles, de los demonios y de las almas de los difuntos y Disertación sobre los redivivos en cuerpo, los excomulgados, los upiros o vampiros y los brucolacos .

«Todo un festín para los aficionados al género», señala el escritor Luis Alberto de Cuenca, quien ha puesto el prólogo al Tratado sobre los vampiros , un volumen que refunde los dos estudios publicados por el fraile benedictino y que atrajo la atención de Feijoo y Voltaire. «Sin la aportación de Calmet, Bram Stoker no habría podido escribir su célebre Drácula (1897)», apunta Luis Alberto de Cuenca. «Tampoco hubieran sido posibles -“añade- El vampiro (1819), escrito por John William Polidori, médico personal de Lord Byron, ni Carmilla (1871), vampira creada por Sheridan Le Fanu en 1871».

El vampirismo, género que ha vuelto a ponerse de moda gracias a la serie literaria Crepúsculo , de la norteamericana Stephenie Meyer, «goza de una enorme salud editorial», asegura el leonés Jesús Egido, editor de Rey Lear. «Nos parecía que ahora que los vampiros han vuelto a los escaparates, era fundamental acudir a la fuente primera de un mito que parte del romanticismo y engancha con la cultura pop». Ilustrado con medio centenar de dibujos, pinturas y grabados, la cuidada edición deTratado sobre los vampiros inaugura un nuevo sello, Reino de Goneril, dependiente de Rey Lear.

En algunas culturas, un cadáver desenterrado era considerado vampiro si su cuerpo aparecía hinchado y le salía sangre de la boca o la nariz. También si sus uñas, pelos y dientes eran más largos que cuando había sido enterrado. Existen numerosos y variados rituales que se utilizaban para identificar vampiros. Uno de los métodos descrito por Calmet para localizar sus tumbas consistía en guiar a un muchacho virgen montado en un caballo -“también virgen- a través de un cementerio. El caballo se negaría a avanzar cuando encontrase la tumba de uno de ellos.

Según las creencias populares, los vampiros tienen poder para transformarse en insectos, ratas, lobos o en niebla. Aunque la forma más divulgada es la de murciélago. En Transilvania (Rumanía) se los describe como flacos, pálidos y de larguísimas uñas. En Bulgaria se les puede reconocer por poseer un solo agujero en la nariz. Estos seres no toleran el ajo ni las rosas silvestres. Al tener una naturaleza demoníaca, tampoco soportan la presencia de la cruz cristiana ni ningún símbolo religioso. Son vulnerables a la luz del sol y a las corrientes de agua. Carecen de sombra y de alma y no se reflejan en los espejos. Se alimentan primordialmente de la sangre de sus víctimas. Son seductores y lujuriosos, por lo que pueden embarazar esposas. Algunos expertos -˜vampirólogos-™ sostienen que los vampiros son impotentes. Al no poder copular, se vengarían (excitarían) clavando sus afilados caninos en el cuello de las damas.

«Ilustrado y escéptico, el padre Feijoo -“escribe Luis Alberto de Cuenca en el Prólogo- compara el caso del vampirismo al de la brujería y hechicería de los siglos anteriores, en los que todo el mundo veía un hechicero en su vecino y una bruja en aquella mujer que despertaba deseo». Y añade la siguiente cita del padre Feijoo: «Entre los aterrados con esas vanas imaginaciones, habrá algunos a quienes el continuo pavor vaya debilitando y consumiendo hasta hacerlos enfermar y morir, y estos serán aquellos de quienes se dice que los vampiros le chupan la sangre. Tal vez el vampiro que se sienta a la mesa donde hay convite será un tunante que, sabiendo las simplezas de aquella gente, en el arbitrio de fingirse vampiro halla un medio admirable para meter la gorra».

¿Por qué a los vampiros les ahuyenta el ajo?

Vamos a conocer a qué se debe que el ajo pueda ahuyentar a los vampiros y cual es el origen de este mito de la vida cotidiana. Después de leer esto seguro que no saldréis de casa sin vuestra ristra de ajos. 

Si alguna vez nos encontramos con unos cuantos vampiros lo primero que vamos a hacer es salir corriendo. Bueno, obviando esta asustadiza frase y partiendo de que podemos tener algún lector más valiente, seguramente lo primero que haría será ir a la despensa a coger una ristra de ajos o cualquier crucifijo que encuentre, ya que damos por hecho de que no mucha gente tiene balas de plata en su mesita de noche. Lo del crucifijo está mas o menos claro, ya que al tratarse de un ser maléfico, contrario a las cosas buenas, le repele un objeto sagrado, pero ¿los ajos? ¿Quizá sea por el aliento? Aunque no dicen que tengas que comértelos para ahuyentarlo. ¡No, no, es otra cosa!

Los vampiros y las enfermedades

Ya sabemos que antiguamente lo que no era blanco era negro, y si alguien era sospechoso de ser una bruja o un vampiro se asesinaba y así no se corría el riesgo. No se tenía ninguna idea científica sobre enfermedades como la peste, el carbunco, la porfiria,  etc. y en muchas ocasiones se adjudicaban estos problemas a espíritus malignos (como la idea de vestirse de luto para que los muertos no nos encontrasen).

Concrétamente  la porfiria (porfiria eritropoyética congénita) era conocida como la “enfermedad de los vampiros”. La porfiria causa una alteración de las enzimas que metabolizan las porfirinas. Esta alteración causaba fotosensibilidad, deformaciones faciales (“facies vampírica”), palidez extrema, etc. todas ellas atribuibles a la imagen que tenemos de los vampiros. Pero hay una cosa más. Esta enfermedad también se manifiesta por una repulsión al ajo. Estudios recientes han descubierto que el disulfuro de alilo, un componente del ajo, produce la destrucción del grupo hemo (un grupo prostético que forma parte de la hemoglobina entre otros), por lo que comer ajo les sentaba fatal a los “vampiros porfiricos”.

Aun así, no pensemos que los vampiros huyen del ajo por no querer comerlo o porque nada más verlo salen corriendo del miedo. Lo que realmente ocurre es que el disulfuro de alilo se descompone al contacto con el aire, cuando la aliina se transforma en alicina, pudiendo apreciar ese olor azufrado desde metros. ¿Os ha ocurrido alguna vez cuando entráis en la despensa y oléis a ajo? ¡A Victoria Beckham si!:) Pues estos compuestos únicamente por su inhalación producen molestias a las personas con porfiria, de ahí viene el gran mito de por qué los vampiros odian el ajo.

¿De dónde vienen los vampiros?

A pesar de que fue el escritor Bram Stroker el que utilizó la imagen del vampiro “chupasangre” en su libro Drácula, el mito ha subsistido como sinónimo de muerte y enfermedad en varias partes del mundo. El auge de este mito se dio en Europa, en los siglos XVII y XVIII.

Los demonios o espíritus malignos que eran capaces de vencer a la muerte y alimentarse con sangre humana, han subsistido en mitos de la antigua China, en la Grecia clásica, en la India, entre los egipcios, los mongoles, los gitanos y hasta en el Talmud. Estos seres han estado presentes en todas las culturas desde tiempos inmemoriales debido a que representa la necesidad humana de vencer a la muerte consiguiendo el don de la inmortalidad.

El vampiro tiene dos características en común en todas las culturas: es un muerto que revive y para recuperar su vitalidad chupa la sangre de las personas a quienes contagia con su condición, provocándoles enfermedad y la muerte.

En la Europa bizantina el cristianismo ortodoxo convirtió las creencias paganas de “inmortalidad” en una herramienta para la conversión. De esta forma si la persona fallecida había cometido perjurio u homicidio sin arrepentirse, o incluso los suicidas, que rechazaban por propia voluntad el “don” de la vida,  podría sufrir la maldición del vampirismo.  También podían sufrirla aquellos difuntos que no eran enterrados siguiendo los rituales religiosos pertinentes, los hijos ilegítimos que nacían muertos y sin la redención del bautismo y hasta aquellos cadáveres sobre los que desafortunadamente les saltaba un gato.

En la Edad Media se colocaba un ladrillo en la boca de los muertos sospechosos de haber sido vampirizados para evitar que contagiaran a otros con sus mordiscos

A pesar de que en la Edad Media había muchísima superstición, que incluye la cacería de brujas, no existen registros sobre vampiros.  Estos empiezan a aparecer a finales del siglo XVII y a mediados del siglo XVIII, con la aparición de libros que hablan sobre estos seres. En 1746, el benedictino Augustin Calmet, decía que los vampiros se conocían desde hace 60 años y que eran populares en Hungría, Moravia, Silesia y Polonia. En estas tierras surge la palabra “vampiro”,  la cual tiene origen magiar y estaba relacionada con unos seres que se aparecían en periodos de pandemias o graves enfermedades. Hay que recordar que en Europa hubo grandes epidemias desde finales del siglo XVII hasta el siglo XIX, por lo que siempre el vampirismo estuvo relacionado con enfermedad y muerte.

Extraños rituales

Debido al escaso conocimiento sobre virus y bacterias, las personas de aquel entonces no podían entender el porqué tantos morían y por ello, explicaban el fenómeno con el vampirismo. En el 1733 el erudito John Heinrich escribió “Los vampiros salen de noche, atacan a las personas, les chupan toda la sangre del cuerpo y las matan. Acosan a hombres, mujeres y niños por igual, sin importarles edad ni sexo. Los que caen bajo su maligna influencia se quejan de asfixia y de absoluto desánimo, y expiran al poco tiempo”.

El cuadro de Antoine Wietz, Enterrado Vivo (1830), ilustra el pavor de una víctima del cólera enterrada viva.

Enterrado Vivo (1830)
Enterrado Vivo (1830)

Una extraña costumbre era la de enterrar a los muertos a poca profundidad. En Rumania desenterraban a los muertos cada cierto tiempo para probar si se había convertido en vampiros. Con los niños se hacía a los tres años de su muerte, con los jóvenes a los cinco años y con los adultos, a los siete.  Si el cadáver no estaba descompuesto lo atravesaban con una estaca o le arrancaban el corazón que quemaban con carbón de leña o lo hervían. Este “jugo” lo daban a beber a gente enferma o se lo servían a los niños y animales para protegerlos. En ocasiones, también los decapitaban y por si acaso había que “quemar su cuerpo hasta que quede reducido en cenizas”

En 1801 el obispo Sirge pidió al príncipe de Valaquia que los campesinos dejaran de desentarrar muertos, por lo que la práctica dejó de hacerse. Por tanto, el vampirismo sólo fue una forma de explicar las epidemias, un deseo de vencer a la muerte y el miedo de no tener una explicación lógica que justificara las terribles epidemias de aquel entonces.

El grito del vampiro

Más de uno se llevó un susto cuando luego de clavarle la estaca al muerto, este lanzaba un terrible alarido, como si estuviese quejándose. Para aquellos era la prueba definitiva de que el muerto era un vampiro, pero en nuestros días sabemos que ese “grito” era producido por los gases en descomposición que se habían acumulado en los pulmones y que se liberaban a través de la garganta, produciendo ese sonido